Juvenal León Rodríguez
Todos los sectores de la localidad eran tomados por aquellas aspirantes, acompañadas por los que aupaban la candidatura. En la alcabala del Km. 52 coincidían todas las pretendientes al certamen, en ese sitio transcurrían todo el día. Esta actividad finalizaba en el momento cuando en la dirección del colegio se reunían todas las muchachas que pretendían la Corona, y el momento más emocionante era cuando el Director de la Institución Educativa anunciaba a la niña que había sumado mayor caudal y al instante se proclamaba como la soberana del poblado.
Hubo ocasión en que a las disposiciones establecidas por la Dirección del plantel para la designación de la Emperatriz, se trató de violarlas y fue el caso de la aspiración de la alumna Emile Alfaro Alfaro, quien al recibir la cantidad de bonos específicos los guardó en su casa, por instrucciones de su padre, Joaquín Alfaro; y llegada la oportunidad de rendir cuentas de la recolección realizada, su progenitor se apareció ante la jefatura del colegio e hizo entrega de un saco contentivo de quince mil bolívares y expresó a los maestros:- “mí hija es la Reina, ella recogió quince mil bolívares”, por supuesto que la jerarquía docente desestimó la pretensión del papá de la nominada.
Las celebraciones del Dios Momo en el pueblo, embriaga a todos los habitantes que se sumaban a aquellas comparsas “violentas que salían a las calles a “saquear” a cuanto transeúnte desprevenido se atrevía salir a las callejuelas. En las “asonadas” no se escapaba nadie; la muchedumbre tras el grito de Pedro Luis Ávila de que “No le eches”, aceleraba la embestida contra el paisano o paisana que en aquellas arenosas trochas era víctima de la agresión más desmedida, y en el suelo quedaban con más inmundicias y pintas que un cochino.
La agrupación conducida por Pedro Rafael Trías, Pedro Luis Ávila, Luisito Rojas Trías, Manuel Antonio “Esvío” Rojas Trías, Héctor Alfaro Ortiz, Carlito Celta Bucarán, Mateo Maigua, y cuantos más? A la que identificaban como la “Bandera Negra” que daba cuenta hasta de las puertas de las casas para introducirse en ellas a engrasar a los dueños que eran sacados debajo de las camas.
Después de la jornada cumplida los integrantes del grupo llegaban hasta La Matanza, en el sector La Chivera, allá conseguían las vísceras de un animal beneficiado, las cuales servían para coronar el Rey de la ocasión, y en una procesión ejemplar recorrían toda la población, quizá para retribuir con esta salida humorística las agresiones causadas a los humildes pobladores, que adornaban con su presencia el paso de su Majestad I, toda una exhibición de aquel desfile folclórico que se repetía las veces cuando los protagonistas de esta manifestación cultural, salían a celebrar tan majestuosas festividades.
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