sábado, 11 de febrero de 2017

Presentación de mí libro "Linajes Indígenas de San Mateo"

Juvenal León Rodríguez

San Mateo, tierra gloriosa con sus magias y encantos que subyugan a propios y extraños, estaba ubicado en medio de dos semi colinas, “El Cerro El Zamuro” y “Fuera de Chisme”, que en ambos sentidos sorprendía con súbitas apariciones, que subían y bajaban, en aquel encantamiento maravilloso como en un sortilegio que cautivaba a quienes tomaban esa ruta. El abrigo que brinda la población a los transeúntes es excepcional, lo que ha sido comprobado por nativos y extraños en aquella suerte de imán que atrajo y protegió al Libertador Simón Bolívar aquel 26 de marzo de 1817, en ocasión de su llegada a la vecindad. Parecía un solitario ambulante, acompañado de 14 escoltas transitando aquel peligroso trayecto, conocido como el camino de los españoles.
Cuando Bolívar, retomó el rumbo hacia Guayana, salió, quizá, imantado con el embrujo seductor que empina a los grandes hombres a su destino trascendente; al llegar a la orilla del Orinoco su estrella comenzó a brillar, impuso su jefatura y condujo sus tropas de triunfo en triunfo hasta desembocar en la Batalla de Carabobo, y de aquí se elevó tanto que fue capaz de retar al mismo Universo, en aquella disputa onírica con el tiempo, que él mismo retrató en sus versos que luego se convirtieron en “Mi Delirio Sobre el Chimborazo”.


Otra proeza que retó al encantamiento de esta comunidad, sin duda alguna lo constituyó el paso del general Manuel Guzmán Álvarez, el 28 de octubre de 1892, cuando enfrentó al general Braulio Yaguaracuto, en el marco de la Revolución Legalista. Las fuerzas gubernamentales dejaron las calles ensangrentadas y alfombradas de cadáveres, pero en la escampada del sector El Italiano, en la vía hacia El Carito, el combatiente Guzmán Álvarez le propinó a Yaguaracuto una contundente derrota.
Glorificado Guzmán Álvarez con la victoria obtenida, encaminó su marcha a ofrecer los laureles al general Joaquín Crespo. Triunfante el movimiento, el general Manuel Guzmán Álvarez fue premiado como vicepresidente de la República, y al salir el Jefe revolucionario en campaña electoral, como aspirante presidencial, Guzmán Álvarez asumió la presidencia del país durante un año. ¿Serían los efluvios mágicos conque el embrujo de San Mateo lo premió? 

Desde los inicios de su fundación San Mateo se empinó por encima de las dificultades y aprendió a espantar los fantasmas que oscurecen con sus turbaciones el avance de los pueblos. De suerte los primeros hombres que poblaron este territorio, Los Cumanagoto, los caracterizaba el tabaco en la vejiga, dispuestos a sortear cualquier circunstancia para sacudirse los demonios que asechan a los incautos. La presencia humana asentada en el territorio estaba desprovista de temores bastardos y de ataduras impropias que obstan la búsqueda de objetivos trazados.
 
En el despunte de los comienzos del pueblo, los parroquianos sortearon innumerables embates impulsados por la bravura de los Caribe y los Chaima, y con fuerza enfrentaron la fiereza encarnada en estos salvajes decididos a cualquier lance. Entre estos bestiales convivieron los nativos de este vecindario, en la diaria ofensiva para evitar ser dominados por estos inhumanos. Las constantes arremetidas se transponían en medio de las presiones internas y externas; en la vecindad se combatía a los encargados de convoyar a los vecinos, en la ideada fuga que tenían planificada los Caribe para incendiar el poblado y alcanzar nuevamente la libertad; la otra causa, era la externa, que convergía con el forcejo ejercidos sobre la Misión para destruir el ensayo poblacional que estorbaba a los propósitos de los piratas flamencos.

La voluntad firme de los frailes garantizaba la integridad de la aldea, pero el temor que avizoraban ante la disposición indígena de asaltar el lugar inquietaba la serenidad local, pues las asechanzas se sucedían unas a otras, poniendo en peligro las almas concentradas en el sitio, y, sobre todo, el peligro que significaba la falta de armas y personas diestras en su uso, a lo que se agregaba el comprometido aislamiento en que se hallaban, tan distantes de San José de Curataquiche y de la capital provincial, expuestos a ser objeto de una masacre en aquel desamparo.

A la inseguridad en que se debatían los pobladores, se agregaba otra incertidumbre que la deparaba la Quebrada de Orituco, con el desbordamiento de sus aguas inundaba los sembradíos comunitarios y dejaba sin cosechas a los habitantes; ante tantas miserias juntas, el fraile Juan Moro tomó la decisión de trasladar la vecindad, a un lugar más seguro y distante de los caminos transitados por los desalmados europeos; en tal sentido, trasladaron el poblado alrededor de 1723 a la cañada de Guarimacucuar, en las cercanías del río prepumptar. En el nuevo paraje construyeron un pozo, levantaron las casas y la iglesia de bahareque techada con paja, y se reiniciaron las actividades alejadas de las emboscadas imprevistas, decisión afortunada que permitió un mejor desenvolvimiento de la existencia.

En la nueva ubicación geográfica comenzaron a llegar visitantes ilustres, tales como el Gobernador de la Nueva Andalucía, los obispos procedentes de Puerto Rico a otorgar el Sacramento de la confirmación, a los jóvenes que en su momento recibieron las aguas bautismales; igualmente, llegaron científicos como Perhl Loeifling que investigaba los árboles de la canela que eran cotizados a altos precios en la capital del reino y el religioso Iñigo de Abad que realizaba la clasificación de la botánica.

En 1740 la parroquia cambia de nombre de San Mateo de Orituco y pasa a ser San Mateo de Prepumptar; en 1744 el poblado es elevado a parroquia eclesiástica y su primer párroco es el fraile Pedro Cordero. Por resolución de las Misiones de Píritu se abre la especie de Instituto de Enseñanza de las Lenguas Indígenas, bajo la dirección del nuevo clérigo, destinado a instruir en el conocimiento y aprendizaje de los diferentes dialectos a los religiosos que llegaban desde España a Píritu y pasaban en San Mateo hasta seis meses, adiestrándose en el manejo del lenguaje antes de asumir el destino que se les asignaba.

En los viejos tiempos se suscitaron graves conflictos entre la clase sacerdotal y los jerarcas españoles, que tuvieron como teatro de operaciones al terruño. El primer incidente lo trae el cura de San José de Curataquiche, Diego de Tapia, quien le entrega a Pedro Cordero el misal que había escrito en habla Cumanagoto para que Cordero lo tradujera, escribiera el prologo y editara. El Padre local cumplió con el pedimento de Tapia, y el problema surgido cruzó las fronteras y salió a España y a Roma a buscar la solución. 

El segundo aprieto se originó en el marco de la toma de posesión del nuevo corregidor, que recibía Antonio de las manos de su hermano Ricardo Carvajal; la grave situación la desencadena la presencia de un indio en la casa real y al recibir la orden el sargento mayor, Mario Cuchama, de detener al intruso éste la desobedece y se produce lo que se conoce en la Historia como “El Motín de San Mateo”, lo que se suscita es el primer grito de libertad contra el poder español en el Oriente venezolano, y las consecuencias van a ser dilucidadas en Europa .

Mientras la población indígenas protagoniza acontecimientos que trascienden ultramar, los hacendados y productores locales continúan explotando las sementeras de algodón, procesado en la localidad en las maquinarias desmotadoras, en plena producción de papelón y azúcar a partir de las moliendas de la caña de azúcar, así como el añil, cacao y cuanto es capaz de producir la actividad humana, las cuales salían desde el vecindario, en busca de las embarcaciones en las isletas de Píritu, la Borracha o en la Bahía de Pozuelos para ser trasladarlos a La Habana, Cuba.

La proximidad del siglo XIX encuentra el caserío debatiéndose en las dificultades originadas por la falta de mano de obra para atender las necesidades de los hacendados, pues los jornaleros se resistían a trabajar en las haciendas como sembradores o recogedores de las cosechas, pues preferían prestar sus servicios en el pastoreo de ganado que según manifestación interesadas daban mejores resultados.
Los novisimos vientos que soplan en favor de la independencia enfrenta a la mayoría de los vecinos que se alinean en defensa del antiguo régimen y tras la lanza reluciente de Francisco José “Chicuán” Guzmán Droz salen a empeñar sus vidas para protejer los dominios de su Rey. El valor y el coraje local es probado en diferentes campos de batallas y la bandera realista flamea victoriosa hasta el 20 de noviembre de 1820, fecha en la que el baluarte heroico de San Mateo, Francisco José “Chicuán” Guzmán Droz, cae fulminado de un lanzazo en un matorral en la pelea de Quiamare. 

Lograda la libertad y establecido el nuevo sistema político, la zona transita los caminos de paz y de prosperidad impulsados por la voluntad creadora, en contraste con la situación afrontada por la clase primigenia al perder su propiedad sobre las tierras despojada por la disposición constitucional de eliminar los privilegios ostentadas por las comunidades indígenas y por la iglesia. En efecto, el primer Congreso Nacional al sancionar la Constitución Federal de 1811, dispuso en la sección IV referente a los deberes sociales establecidos en el Capítulo IX, referente a las disposiciones generales, que “Se revocan, como consecuencia de lo expuesto anteriormente, y quedan sin valor alguno las Leyes que en el Gobierno de España se dictaron o sancionaron a favor de los indios aparantemente, porque, en la práctica, les han perjudicado en grado sumo, según la experiencia lo ha comprobado o demostrado”.

La incertidumbre sobre el dominio de sus bienes, comienza a bambolear en diferentes decretos y disposiciones oficiales. La primeras es en 1838 cuando el general José Antonio Páez, dispone la creación de los resguardos indígenas; después el desenfrenado apetito feudal del general José Tadeo Monagas, se apodera no solo de los bienes de la clase indómita sino también de los ejidos de las poblaciones; las agallas terratenientes de los barbudos de la federación salen a apoderarse de las posesiones de los indios; después, en 1882, el Gobierno del general Joaquín Crespo resuelve abrir el camino legal para restituir a los aborígenes sus tierras, pero para ello autoriza demostrar ante las autoridades competentes en su regiones, que ellos son herederos de los antiguos patrimonio de sus ancestros, a esta gracia presidencial ni mostraron interés o a lo mejor no se enteraron.

En 1886 el primer magistrado, Dr. Hérmogenes López, resolvió restituir a los nativos sus herencias y muchos de ellos procedieron a rescatarlas pero cuando las tenían vendidas o negociadas. En la entrada del siglo XX el general Cipriano Castro accedió a retornar en manos de los indios sus legados y la única condición que estableció fue la de presentarse ante los registros subalternos de sus domicilios y manifestar que ellos eran los dueños de los terrenos que mencionaran y no existe constancia alguna de haber acudido ningún interesado a las oficinas respectivas.

En 1942 el general Isaías Medina Angarita dispuso, mediante Decreto presidencial, convocar a los concejos municipales del país acudir al Ministerio de Agricultura y Cría, a fin de solicitar los terrenos de las “extinguidas comunidades indígenas” para autorizar agregarlas a los ejidios de sus distritos, no existe constancia de alguna gestión realizada en este sentido. En 1956 el Ejecutivo Nacional ordenó eliminar todas las comunidades indígenas que existieran, con excepción de las regiones de Amazona, Bolívar y la Goajira, se desconocía el propósito perseguido por el general Marcos Pérez Jiménez al asumir esta disposición.

1 comentario:

  1. juvenal felicitaciones por publicacion de esta cronica de mi querido pueblo san mateo. como lector asiduo de tus escritos este es quizas una de las lecturas narrativas muy acertiva. para que subsane los estudios mi antepasado francisco guzman, llego ser capitan de las fuerzas realistas, era sin lugar un hombre contumaz defensor de esa causa, era muy aguerrido y temible, hombre de mucho coraje, en lecturas hechas de otros articulistas lo apodaron como "CHICUAL GUZMAN", VER MEMORIAS de las guerras del Gral. Jose tadeo monagas, ahora el muere en la poblacion de Quiamare en pleno combate y el hecho belico se le conoce como la PELEA DE LAS TRINCHERAS DE QUIAMARE, en la fecha que tu indicas. AHI el Gral. Monagas obtiene el triunfo y Simon Bolivar lo asciende al grado de general de brigada.Quiero que indagues mas sobre ese hecho. Gracias

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